martes, 2 de abril de 2013

Punto de "fuga" (o depende del punto de vista)

I
Te miré los pies bajo la ducha y pensé...Me fijé en tus rodillas huesudas, los pelos estirados y lacios pegados a tus piernas, la silueta de tus dedos redondeados sin mayor gracia y el peso de tu cuerpo en tus pies que se evidenciaba en las venas azulinas marcadas.

II
Te miré los pechos...Fue de reojo, no presté mayor atención, la verdad me cuesta abrir los ojos bajo la ducha y me dedico a disfrutar (te) y no quiero pensar. La forma de tu barriga me deja entrever el filo de tus pechos. Hago contacto con tus ojos, y sin conmoverme...continúo.

III
A veces miro tu cara, desde abajo...la verdad no quiero mirarte sino que me veas tú a mi. 
La actuación y modalidad de mis muecas suman a la escena un toque cinematográfico. Me gusta más hacerte creer que te miro, que encerrarme en tu interior.

IV
Si no cierro los ojos para concentrarme, siempre me encuentro con tu barriga, tus pechos y tu cara...y en ese orden. La respiración que moviliza tu cuerpo es la que cambia, es la que altera mi visión de los hechos.
Pero no me detengo, incluso cuando me aprietas e imploras que me vaya...termino la batalla de poseerte.




lunes, 25 de marzo de 2013

Lengua dura


A quienes les de asco y pudor la lengua, glándulas salivales, dientes, caries, no leer este post. O quizás si le sirve para hacer terapia y enfrentar (se)  estos temas, hágalo y disfrute de las historias breves pero reales que se involucran con la boca (me encanta como suena esta palabra)

"No lo besaba. Y besos con lenguas, ni hablar. Me daba asco su boca. Le tenía que decir por favor cepíllate los dientes". Esta es el titular que marca mis ganas de escribir sobre el beso, la boca y la lengua...y en este orden.

Le paso a la chica poder O2. Quien con rabia me confesaba esta realidad que vivía con su ex pinche. Y mientras yo lanzaba una carcajada, ella estaba aún con enojo por la situación y se lamentaba de la boca de su ex, de su falta de aseo y de que no se lavara los dientes ni fuera al dentista ni siquiera motivado por acceder a besarla. Yo le decía "ríete de la situación loca", aunque ahora que me detengo, debe dar bastante rabia no poder besar a tu love, porque sabes que al introducir tu lengua en esa boca amada, los microbios harán tremenda fiesta y se trasladarán a vivir en ti.

Lo más cercano a esta situación que he estado es la de los pinches fumadores, pero esos extremos (que de seguro si leen este post deben estar diciendo "chis, ella po, la que no fuma y tiene la boca con olor a rosas"). O quizás haberme alejado de algún compañerito de banco que me gustara, pero mucho antes de pensar si quiera en besarlo.

Debo confesar que la boca es lo primero que miro en el sexo opuesto. Y no es que yo tenga una boca de vitrina, pero encuentro sexy unos dientes bien cuidados y unos labios carnosos. Es más, no se si les pasa pero los labios finos me producen desconfianza, claro que si arriba de ellos hay un buen bigote (siempre hablando del sexo opuesto, en mi caso, hombre) o una nariz de esas con personalidad, puedo olvidar el detalle de la desconfianza.

La lengua, ya es otro tema. Más que su contextura, es su movimiento y juego en el beso lo que aprecio, y aunque much@s se hagan los lesos, todos hemos evaluado alguna vez esta acción. Una lengua que juega con los tiempos, que es invasiva y a la vez se deja atrapar, enciende las pasiones...en cambio aquella con incontinencia, brusca, que da golpes en nuestra boca puede provocar incluso el alejamiento total y declinar nuestra opción de pasar al segundo nivel (¿sí me entiende, cierto?)...Debo decir que son solo opiniones de los besos casuales, esos que se encuentran por ahí. No soy quien para evaluar los besos de la pareja, el novio, el esposo, el pololo, cuando uno ama, no hay evaluación!

Ahora un tema que siempre me ha llamado la atención (y que combina el beso, la boca y la lengua) es la demostración afectiva de los viejitos. No deja de ser tierno, pero...ver los besos de los abuelitos siempre me evoca que son sin saliva y como con los labios tensos y arrugaditos, como que necesitan mantequilla de cacao antes de besarse. Y al encontrarse hombre y mujer de tercera edad, y unir sus bocas, se revelan sus lenguas duras.

Quizás me expongo a varios malos comentarios sobre mis juicios, pero el que no haya tenido estas reflexiones o pensamientos pasajeros quizás, y que no se haya encontrado alguna vez en esta o en vida pasada con una lengua dura, que lance la primera piedra (o el primer comentario)

domingo, 17 de marzo de 2013

Camiones con carro de arrastre

La libertad de manejar...la libertad de subirse a un automóvil, prender la radio, acomodar los espejos y emprender ruta. Aunque tengas el recorrido marcado en tu mapa de ruta, o el viaje esté determinado por quienes te acompañan, y tengas un destino final...emprender viaje siempre tiene aroma a aventura y libertad.

Pero no siempre podemos emprender el viaje con tanta liviandad, ya que traemos una carga, más pesada de lo normal, que sin ser nuestra, depende de nuestras directrices y guías.

Hace algunos días, pensaba en lo difícil de manejar un gran camión. Esos que transportan maderas por el sur, o animales y otras cargas, y que al pasar por el lado de ellos en la carretera te alejan hacia la orilla del camino.

Me preguntaba, qué razones harán que un chofer quiera tomar ese trabajo y "echarse" esa carga encima. ¿Qué características debe tener alguien para este oficio?, ¿cuáles serán las condiciones que debe sortear, más allá de los trasnoches, enfriamientos y comidas de madrugada en las hosterías del camino?...

Y un martes cualquiera, en plena ruta, apareció un camión de carga frente a mí. La escena era cotidiana y sin trascendencia para cualquiera (cualquier normal que no se llena de microrealidades la cabeza). El chofer luchaba por enderezarse y poder entrar, de cola, hacia el lugar de destino final. Como si eso no fuera poco, el entorno de carretera estrecha y su carro de arrastre, más el taco que se estaba formando hacían prever una tragedia....

No fue así: el chofer logró maniobrar perfectamente su camión con carro de arrastre y casi como una bailarina que hace su mejor paso en escena, su acto final fue hermoso y liviano.

Quizás quienes tenemos esa labor de cargar con nosotros y los que vienen detrás, tenemos el don de manejar la situación. No debe ser al azar que algunos de nosotros seamos los choferes de caminones cn carro de arrastre. Quizás hasta lo buscamos y nos sentimos los únicos capaces en nuestro alrededor de ejercer este oficio...y nos llega muchas veces y aprendemos a golpes a emprender ruta, girar, tomar velocidad y frenar cuando es adecuado.

Lo triste de esta historia es que mientras nos convencemos de ser estos choferes, hay choques, panas e insomnios...que vivimos solos, en nuestros camiones. Es cierto, conocemos mucha gente en el camino, quienes hacen más llevadero nuestro viaje, pero nadie conoce nuestra ruta y nuestra carga tan bien como nosotros.

martes, 13 de noviembre de 2012

Cajita de soles

Guardemos en una cajita todo los soles y las aventuras
quiero que sea fácil recuperarlos cuando manche todo de tinta negra...






jueves, 18 de octubre de 2012

Me gusta el rubor


Es cierto, está de moda y volvió para quedarse. En formato compacto o polvos, el rubor ha dado vida a tantas abuelitas (hasta a gente muerte cuando la maquillan para el último adiós) y hoy ilumina los pómulos - o trata de marcarlos a aquellas más redonditas de cara- de mujeres altas y bajas, rubias y morochas, flacas y gordas.

Me gusta. Es ese toque que te da como glamour, y si lo acompañamos de labios rojos, díganme si no les da personalidad y carácter a muchas de nosotras que caminamos un poco encorvadas y sin mucha gracia por los paseos peatonales?

En ocasiones, nos ha sacado de apuros: palidez extrema producto de baja de presión, dolor menstrual, pena, o falta de aire playero; disimular la vergüenza frente a una situación incómoda; o el "acaloramiento" frente a un hombre guapo que nos hace sacar a flote nuestros bajos instintos.

Adele, lo ha sabido usar de maravilla, porque hay que decirlo  -y espero que las pocas mujeres que leen este humilde blog tomen en cuenta este consejo- aunque sea moda, si no te ves bien frente al espejo o tu mejor amiga te dice "te queda bien, pero yo no lo usaría" hay que desistir.


lunes, 1 de octubre de 2012

Perder y ganar



Cuando muere un familiar, vives un duelo (dolor) que puede durar años, o quizás solo meses dependiendo de factores como la cercanía a esa persona, las características del fallecimiento, la capacidad para entender la vida y la muerte, si eres religioso, en fin.

Nadie está muy preparado: no es algo que se te enseñe, no es una experiencia que te la cuenten- porque la vives siempre de forma distinta-, no hay un tutorial en youtube, ni libro de Pilar Sordo que sirva.

Finalmente pasa el tiempo y el no encontrarte físicamente con la mirada de ese alguien, olvidar su aroma, no escuchar ya el tono de su voz, hace que su recuerdo pase al alma o al corazón o a algún lugar profundo que no necesita de esta realidad palpable y tangible para generar el sentimiento que se tenía frente a ese ser.

¿Pero qué pasa cuando tú, conscientemente, decides dar muerte a un familiar? Tomar la decisión de borrarlo del mapa, de sacarlo de tus pensamientos diarios, de olvidar todo de él: su nombre, su estampa, cómo era contigo.

Lo primero, es que las causas por las que lo mataste en vida pueden ser tan fuertes que al asumir esta decisión, ganas. Ganas en tranquilidad, en olvidarte y ya no hacerte cargo de lo que pasaba con esa persona, en definitiva te sacas un peso de encima, y vuelves a nacer en cierto sentido. Re vives y te fortaleces.

Pero estas perdiendo a esa persona y no hay vuelta atrás. Lo verás, y no lo reconocerás. Te hablará, y no lo escucharás; pedirá ayuda, que reconcideres tu decisión, hará las mismas promesas de siempre, pero tú no cambiarás de parecer...Y sabes que este camino es sin retorno.

A veces- sólo a veces- aunque muchos no te entiendan, aunque te cuestionen, aunque crean que eres el ser más egoísta, aunque traten de cambiar tu decisión, aunque sufras por un tiempo el duelo, aunque todos los días trates de recordar cómo era la textura de sus manos, o trates de escuchar nuevamente las carcajadas que alguna vez los unieron...es mejor ganar...o por lo menos yo lo prefiero.

martes, 11 de septiembre de 2012

A mi me dicen....


Los sobrenombres han sido considerados como una forma de molestar a la gente, de burlase, a veces por sus características físicas o por lo que muchos consideran defectos. Personalmente me gustan, los encuentro que son signo de cariño, de pertenencia, de hacer de alguien una persona especial (o hacerse especial para alguien).

Está la usanza también de "llamar" a alguien por su apellido, que se da mucho en los hombres. No sé la verdad qué fue primero: si las camisetas con apellidos de los futbolistas o decirles por los apellidos a los machos. Hay veces que se justifica ya que en un mismo lugar hay dos Pedro ó Cristian ó Pablo.

Una vez llamé a un compañero de curso por teléfono y pregunté por él usando su apellido. Y no hubo forma de recordar su nombre real...hasta que llegado Facebook apareció y recién ahí supe que se llamaba Manuel.

Me pasa que desde chica he sido buena para los sobrenombres, es decir para otorgarlos y para tener. Sin duda hay algunos con más sentidos que otros. Era tan buena para colocar sobrenombres que hasta una de mis amigas imaginarias tenía uno (lo más triste es que nunca supe su nombre real).

Tengo en mi agenda telefónica pocos contactos por su nombre real y muchas veces a quienes he llamado por un nombre distinto al inscrito en el registro electoral, nunca más vuelven a tener su nombre real en mi cabezita (a menos que me distancie de ellos y para remarcar esto, los llame por su nombre completo...¿o es una pendejería?)

También me gustan las maneras cariñosas de dirigirse a alguien como chinita, mi reina, negrito, pekas, chica...con cierto tono divertido. Rehúso de gordita, chanchito, chiquitita, mi niño, corazón, guagua.

Quizás las cosas serían más humanas si siempre fuéramos "la flaca", "el pipe", "manita"...porque creo que en esos apelativos de confianza y cariño se encuentra muchas veces nuestra esencia.