martes, 13 de noviembre de 2012

Cajita de soles

Guardemos en una cajita todo los soles y las aventuras
quiero que sea fácil recuperarlos cuando manche todo de tinta negra...






jueves, 18 de octubre de 2012

Me gusta el rubor


Es cierto, está de moda y volvió para quedarse. En formato compacto o polvos, el rubor ha dado vida a tantas abuelitas (hasta a gente muerte cuando la maquillan para el último adiós) y hoy ilumina los pómulos - o trata de marcarlos a aquellas más redonditas de cara- de mujeres altas y bajas, rubias y morochas, flacas y gordas.

Me gusta. Es ese toque que te da como glamour, y si lo acompañamos de labios rojos, díganme si no les da personalidad y carácter a muchas de nosotras que caminamos un poco encorvadas y sin mucha gracia por los paseos peatonales?

En ocasiones, nos ha sacado de apuros: palidez extrema producto de baja de presión, dolor menstrual, pena, o falta de aire playero; disimular la vergüenza frente a una situación incómoda; o el "acaloramiento" frente a un hombre guapo que nos hace sacar a flote nuestros bajos instintos.

Adele, lo ha sabido usar de maravilla, porque hay que decirlo  -y espero que las pocas mujeres que leen este humilde blog tomen en cuenta este consejo- aunque sea moda, si no te ves bien frente al espejo o tu mejor amiga te dice "te queda bien, pero yo no lo usaría" hay que desistir.


lunes, 1 de octubre de 2012

Perder y ganar



Cuando muere un familiar, vives un duelo (dolor) que puede durar años, o quizás solo meses dependiendo de factores como la cercanía a esa persona, las características del fallecimiento, la capacidad para entender la vida y la muerte, si eres religioso, en fin.

Nadie está muy preparado: no es algo que se te enseñe, no es una experiencia que te la cuenten- porque la vives siempre de forma distinta-, no hay un tutorial en youtube, ni libro de Pilar Sordo que sirva.

Finalmente pasa el tiempo y el no encontrarte físicamente con la mirada de ese alguien, olvidar su aroma, no escuchar ya el tono de su voz, hace que su recuerdo pase al alma o al corazón o a algún lugar profundo que no necesita de esta realidad palpable y tangible para generar el sentimiento que se tenía frente a ese ser.

¿Pero qué pasa cuando tú, conscientemente, decides dar muerte a un familiar? Tomar la decisión de borrarlo del mapa, de sacarlo de tus pensamientos diarios, de olvidar todo de él: su nombre, su estampa, cómo era contigo.

Lo primero, es que las causas por las que lo mataste en vida pueden ser tan fuertes que al asumir esta decisión, ganas. Ganas en tranquilidad, en olvidarte y ya no hacerte cargo de lo que pasaba con esa persona, en definitiva te sacas un peso de encima, y vuelves a nacer en cierto sentido. Re vives y te fortaleces.

Pero estas perdiendo a esa persona y no hay vuelta atrás. Lo verás, y no lo reconocerás. Te hablará, y no lo escucharás; pedirá ayuda, que reconcideres tu decisión, hará las mismas promesas de siempre, pero tú no cambiarás de parecer...Y sabes que este camino es sin retorno.

A veces- sólo a veces- aunque muchos no te entiendan, aunque te cuestionen, aunque crean que eres el ser más egoísta, aunque traten de cambiar tu decisión, aunque sufras por un tiempo el duelo, aunque todos los días trates de recordar cómo era la textura de sus manos, o trates de escuchar nuevamente las carcajadas que alguna vez los unieron...es mejor ganar...o por lo menos yo lo prefiero.

martes, 11 de septiembre de 2012

A mi me dicen....


Los sobrenombres han sido considerados como una forma de molestar a la gente, de burlase, a veces por sus características físicas o por lo que muchos consideran defectos. Personalmente me gustan, los encuentro que son signo de cariño, de pertenencia, de hacer de alguien una persona especial (o hacerse especial para alguien).

Está la usanza también de "llamar" a alguien por su apellido, que se da mucho en los hombres. No sé la verdad qué fue primero: si las camisetas con apellidos de los futbolistas o decirles por los apellidos a los machos. Hay veces que se justifica ya que en un mismo lugar hay dos Pedro ó Cristian ó Pablo.

Una vez llamé a un compañero de curso por teléfono y pregunté por él usando su apellido. Y no hubo forma de recordar su nombre real...hasta que llegado Facebook apareció y recién ahí supe que se llamaba Manuel.

Me pasa que desde chica he sido buena para los sobrenombres, es decir para otorgarlos y para tener. Sin duda hay algunos con más sentidos que otros. Era tan buena para colocar sobrenombres que hasta una de mis amigas imaginarias tenía uno (lo más triste es que nunca supe su nombre real).

Tengo en mi agenda telefónica pocos contactos por su nombre real y muchas veces a quienes he llamado por un nombre distinto al inscrito en el registro electoral, nunca más vuelven a tener su nombre real en mi cabezita (a menos que me distancie de ellos y para remarcar esto, los llame por su nombre completo...¿o es una pendejería?)

También me gustan las maneras cariñosas de dirigirse a alguien como chinita, mi reina, negrito, pekas, chica...con cierto tono divertido. Rehúso de gordita, chanchito, chiquitita, mi niño, corazón, guagua.

Quizás las cosas serían más humanas si siempre fuéramos "la flaca", "el pipe", "manita"...porque creo que en esos apelativos de confianza y cariño se encuentra muchas veces nuestra esencia.








jueves, 16 de agosto de 2012

Conversaciones inconclusas

Hay tantas dudas, cuestionamientos, ideas inconclusas que transitan diariamente, minuto a minuto por nuestras vidas...y en muchas ocasiones hemos enfrentado nuestros mayores miedos (muchas veces inconscientes) teniendo una conversación frontal con un otro sin resolver mucho o más bien despejar aquello que nos incomoda, que nos molesta como la picada de zancudo del verano, que después de unos días es una costra de considerable tamaño.
Un sin fin de frases, oraciones, monosílabos que sólo traen consigo los famosos (y tan manoseados hoy por hoy) tres puntos o puntos suspensivos en forma escrita claro está, o los silencios más incómodos y poco retomables en palabras o sonidos.

Mamá, ¿Por qué te casaste con mi papá?...
Sé que todo ha sido raro estos días, pero las cosas mejorarán...lo prometo...
Yo te quise...alguna vez te quise...
Quiero saber quién es mi padre...
¿Cómo has estado?-He estado mejor-...
Nunca supe si todo esto fue verdad o un sueño...
Cómo quisiera volver el tiempo atrás...
Papá, ¿Por qué se separaron con la mamá?...
Quién cresta eres...
Nadie te ha querido como yo...
Lo hice y lo volvería a hacer...
No...
Sí, es verdad...
¿Estás?...
En donde estés, ¿me escuchas, me ves?...
No tengo nada que decirte al respecto...


miércoles, 25 de julio de 2012

This is the end...


"Compañera 
usted sabe 
puede contar 
conmigo 
no hasta dos 
o hasta diez 
sino contar 
conmigo"
Mario Benedetti

Tal como cantara Jim Morrison, "This is the end..." hoy hablo de los finales. No me gustan los finales, las despedidas, los términos, las rupturas. Incluso a veces me quedo con gusto a poco en los finales de películas, de teleseries, series favoritas de Warner o de Sony.

No me como todo lo del plato, pienso que para no terminar algo. Soy mala para los remates, para los mensajes de cierre, para el último slide de la presentación. La mayoría de las veces se me funan los chistes al final y el último aplauso me sale fome y sin sonido.

Bueno esta vez me tocó vivir un final más complejo y triste que me hizo pensar en que, si bien cuando se cierran las puertas se abren ventanas, igual estamos solos. Sí, quienes no hemos hecho familia aparte de nuestros núcleos (papá-mamá-hermanos o cómo sea el mono) nos quedemos solos cuando perdemos a un ser querido, al ser formador, al útero que nos dio vida o a los brazos que nos arrullaron cuando pequeños.

Pero los amigos, como todos bien dicen, son la famlia que hemos elegido y se hacen tremendamente relevantes en estas ocasiones: dar espacios, motivar, movilizar, hacer una sopita recuperadora, invitar a unos buenos tragos que emborrachen.

Entonces, con los amigos no hay finales hay solo puertas y ventanas que abrir. Somos quienes debemos entender y acompañar en procesos enriquecedores y más maduros como cambio de trabajo, rupturas amorosas, problemas con los hijos, y el fallecimiento de un familiar.

Esta es por ti, y por todos aquellos que piensan que quedaron solos. Yo también lo pienso, pero luego pido las ayudas y consuelos a quienes están ahí siempre...los amigos.

martes, 17 de julio de 2012

Alemania 2015...una carretera



♪  You have never been in love, until you have seen the stars reflect in the reservoirs...♫ inicia el track 1 del disco mal grabado de Morrissey que encontramos en la guantera del auto.
Es que nuestros momentos juntos siempre han estado cargados al rock & roll, más allá de tu chaqueta de cuero azul que está por romperse (y que no te cierra); más allá de mi cintillo rockabilly que tanto te gusta; más allá de tus tatuajes.


Manejo vista al frente, las dos manos en el manubrio (que es lo único a lo que me aferro en estos momentos) mientras tarareo la canción en un inglés rebuscado. Tu te ríes, pelo al viento, gafas negras y quizás estas sacando un mapa para orientarme en la ruta...pero no hablamos, sólo creo ver de medio filo que estás revisando esos mapas que te robaste de la estación  de servicio y que yo manché-sin querer-con salsa de las hamburguesas.


Haces bromas estúpidas y chistes fomes, esos los escucho claramente porque he bajado la música después del primer coro.  A veces pienso que soy la única que te escucha...y quizás por eso estas acá. No por Alemania, no por la carretera, no por los discos que acabas de comprar y traspasar a tu celular para escucharlos mientras te duchas...estás acá porque te pongo atención y conozco tus muecas-perdón lenguaje no verbal suena mejor, no se me enoje ya?-, sé que en algunas miradas serias más que una intención se devela tus problemas de vista, y piensas que achicando los ojos leeras mejor.


La verdad es que lo que me motiva a manejar es tu mirada constante, bueno también el vértigo de estar en Alemania en esta carretera, esa que alguna vez soñamos. Pero saber que me miras, me hace tener confianza, me hace sentirme la mujer más guapa del mundo...y quizás es otra de tus virtudes a pesar de que tus pies no caminan al mismo ritmo y que a veces te quedas por ahí enredado en tus sueños e ideas sin bajar a pisar la tierra que día a día yo camino con mis dos pies: a veces corriendo, otras en tacos, y por ahora tomada de tu mano.


Sin las promesas típicas y engañando al corazón, pensamos (sé que tú también lo haces) que "estamos bien", estamos la raja la verdad.


No hay más escenas, solo la carretera, solo la canción de Morrissey, solo tú leyendo el mapa y yo manejando, con las dos manos en el manubrio...